viernes, 12 de diciembre de 2008

Secreto.

English man in New York
(by Alexander Kagan)
(...)

Si están ajenas de sustancia las cosas/ y si esta numerosa Buenos Aires/ no es más que un sueño/ que erigen en compartida magia las almas,/ hay un instante/ en que peligra desaforadamente su ser/ y es el instante estremecido del alba,/ cuando son pocos los que sueñan el mundo/ y sólo algunos trasnochadores conservan,/ cenicienta y apenas bosquejada,/ la imagen de las calles/ que definirán después con los otros...

J. L. Borges, "Amanecer"



Debajo de las ruinas de esta ciudad por la cual solíamos vagar/ se esconde un sentimiento mucho más grande que todas esas batallas que hemos luchado/ niebla, fango/ dolor, muerte/ lo innegable, lo único/ eso que hay, eso que puedo ver, es mucho más de lo que puedo decir/ el tiempo construye puentes que tapan los abismos/ fortines alrededor de la tristeza, bloquean las salidas/ campos que marchitan algodón/ no tomaría más de un día reconstruir la ciudad/ pero los ríos corren fríos/ y las nubes no despejan/ los sentidos no resisten/ la razón sucumbe/ y lo que queda es la inexplicable e inentendible emoción/ que no da abasto para mantener en pie los pilares/ son sólo las calles vacías, de asfalto y granito/ que no llevan a ningún lado/ más allá de estas ruinas, que no quiero levantar.

jueves, 13 de noviembre de 2008

Romance de Barrio

Manzi


-Soñar de vez en cuando...
-¿Ella te dijo eso?
-Sí, y fue muy clara
-Pero, y vos ¿Qué le dijiste?
-Que no.

Dos predicadores me decían que mi problema era que no creía ni en mí mismo. Lo primero que se me vino a la mente fue un tango: "... Hoy no creo ni en mí mismo, todo es grupo, todo es falso; y aquél, el que está más alto, es igual a los demás...". Me sonreí pensado en lo desvariada y divagante que puede llegar a ser mi mente, y en lo poco que me importa lo que me digan dos viejos predicadores del oeste. Aunque me percataba de que el análisis de un físico nuclear agnóstico, probablemente, hubiera resuelto lo mismo. Y lo peor era que yo no pensaba en otra cosa que no fuera en mí mismo, tal vez ahí estaba el problema.

Perdido entre tantas cosas de valor, valor real, valor cualitativo, mi valor, el valor de las cuestiones intrínsecamente subjetivas, pero delegadas. Sentí en mi piel cierta tristeza que no era mía, cierta codicia que era muy mía, cierta vejez que pronto me pertenecería, y comprendí como bien planteaba Aristipo de Cirene que las pasiones corpóreas son preferibles a los placeres mentales, por fuerza y por destino propio. Suprimir dolor mi único objetivo, mi dolor, el dolor diario, el dolor que incomoda, el que revuelve estómagos, pero el que no te enloquece, ese dolor burgués, que en pequeñas dosis es delicioso, pero que con el tiempo y en grandes cantidades es insoportable. Dolor que alguna vez fue oyente, fue clarificador, fue educador, fue hacedor de ideas.

Después de una vida de cruces y de cantos sufridos, peregrinaciones lejanas, era para mí necesario desprenderme de ese encierro barrial, y negándome a volver a ese lugar micro-fascista partí con ansias de encontrar el camino de orégano que me llevara hacia el dandismo, a un espacio anarco-individualista. Dejé de lado el "amor" de tres calles que conducían a una parada de colectivo, a una plaza que daba a una pared con un mural sobre Alejandra Pizarnik, a esa belleza muerta de un domingo a la tarde, a una angustia de calles con nombres ingentes. En fin, renegué y partí, porque no me quedaba otra, porque me obligaron.

"Estoy triste en la noche de colmillos de lobo" me acordé de Alejandra; absurdo como mi utopía Stirnerista, contraía enfermedades como la nostalgia y la melancolía, no había antídoto para el recuerdo. Por más que suprimir dolor fuera la idea, la idea no le ganaba a la emoción de lo único que me hacía sentir bien, nada como sufrir tres cuadras para un colectivo que tardara 2 horas, nada como ver un mural de Alejandra, nada como lo extraño, nada como el medio que no gusta pero que es medio para lo que sí gusta. Más triste que la primera vez, menos triste que la tercera, así contaba las cosas... Eso no era placer, era conformismo de llegar a tener placer, otra vez, otra vez.

Así llegué a donde estoy ahora, y me acordé de otro tango: "Tarde me di cuenta que al final se vive igual fingiendo". Y si bien Canet (el que escribió el tango) reniega de la idea, a mí me gusta pensar que tiene un uso más literal.

Tal vez de eso hablaba Aristipo.


Ceniza del tiempo la cita de abril,/ tu oscuro balcón, tu antiguo jardín/ las cartas trazadas con mano febril/ mintiendo que no, jurando que sí./ Retornan vencidas tu voz y mi voz/ trayendo al volver con tonos de horror,/ las culpas que nunca tuvimos/ las culpas que debimos pagar los dos.
(...)

"Romance de Barrio", de Homero Manzi.

domingo, 21 de septiembre de 2008

Ellos sólo serán ritos perdidos en nosotros.



Y disparan frases de honor, menciones incoherentes acerca de la hombría.







viernes, 22 de agosto de 2008

Se hará justicia


In a lifetime.

Deberás recordar esto: un beso es sólo un beso.

Tiempo en mis manos (...)

Llorar por las noches si es necesario,

¿Es por eso que la llaman tristeza?

Es por eso que la llaman tristeza


martes, 5 de agosto de 2008

The year of the cat.




On a morning from a Bogart movie/ in a country where they turn back time/ you go strolling through the crowd like Peter Lorre/ contemplating a crime/ she comes out of the sun in a silk dress running/ like a watercolour in the rain/ don't bother asking for explanations/ she'll just tell you that she came/ In the year of the cat...



(...)

(Al stewart, "The year of the cat")


Cuando escuché esa canción por primera vez me reí del título, pensé, profundamente preocupado: ¿Sería una cuestión horoscopal oriental? ¿Algo referente a algún "film noir" de los 40' o sencillamente una burda y popular referencia a la prostitución? No pensaba indagar en el asunto.


Pero bien seguía sonriendo procuraba acercarme más y más a la historia (propiamente dicha). Salí de mi oficina, como todos los viernes le dije a mi secretaria que me iba más temprano, antes de que el peso de toda la semana derribara eternamente mi voluntad de volver el lunes. Cuando sin esperarlo (y la verdad es que siempre lo espero) apareció ella ¿Mujer fatal? era una idea ¿por qué otra razón hubiera querido ser detective privado? -No tengo dinero, le advierto- me dijo sin abogar por mi piedad. -Pero necesito su ayuda- ahora sí un poco más transigente -y yo sé que solo usted puede ayudarme-. Lo pensé no más de 1 minuto cuando, y aunque mis bolsillos carecían de relleno, di cuenta de que ya me había inmiscuido en el misterio, simplemente por estar en este relato, así que no me negué a brindarle mis servicios, aunque sabía de por sí que los problemas serían demasiados.


Los gestos y los dejos de seducción que yo quería remarcar, a veces por fantasiosos que fueran, llenaban la escena y nos recordaban los papeles que cada uno ocupaba dentro de mi imaginario. -Métodos innovadores- le dije, -con el aval de las mejores agencias norteamericanas- grandilocuente y díscolo, de haberme visto de afuera de seguro me hubiera reído de mí mismo. Pero cada segundo que pasaba en el que ella me escuchaba callada, la realidad se hacía presente y más tristeza irradiaban sus ojos; intentos vanos por ponerle humor a la atmósfera, escuché atento. Su predicamento era un típico relato bohemio: matrimonio temprano por dinero, infidelidad, mafia y una hermana desaparecida. Sin saber exactamente por dónde empezar, pero en vistas de que la excitación por un caso así era inmensa, y más que nada en vistas de las caderas prominentes que destruían por completo mi atención, la cité al otro día, un domingo, en un pasaje oscuro de una calle aledaña, para darle mis primeras impresiones sobre el caso; conveniente para mí, tendría la noche entera para pensar qué decir.


Dos de la mañana, todo parecía tranquilo, un par de gatos amontonados en la basura, maullaban desesperados por comida; la vi venir de lejos, desde la otra esquina, para mí sorpresa sonreía, y caminaba despacio, el golpeteo de sus tacos, que sin duda remarcaban el esplendor de sus piernas, retumbaban... y entonces un disparo, y entonces me quedé sin fantasías, entonces corrí (como siempre) entonces el lunes volví al trabajo (como todos).



Aunque mi profesión sea muy llamativa, no escapa a la rutina.

viernes, 4 de julio de 2008

Nos detuvimos.




Acaso te llamaras solamente María../ No sé si eras el eco de una vieja canción,/ sólo se que una noche fuiste hondamente mía/ sobre un paisaje triste, desmayado de amor...

El Otoño te trajo, mojando de agonía,/ tu sombrerito pobre y el tapado marrón.../ Si eras como la calle de la Melancolía,/ que llovía... llovía sobre mi corazón.

(...)


(Cátulo Castillo, 'María')


"Ellos siempre harán que un enamorado se sienta un tonto" café de por medio esa frase se repetía en mi cabeza, yo que en ese instante me decidía a empezar a fumar, como si alguna imagen de Humprey Bogart me diera la certeza de que la agonía se pasa mejor con vicios, y como si desde afuera una cámara me filmara, quería padecer de una bella manera. El suicido era la única salida viable, pero rencoroso yo, sabía de la perfección de la idea y no la barajaba como algo para hacer, en cierto punto lo disfrutaba, pero nunca, nunca me tomé en serio. Fracaso de fracasos, intentando tomar whisky como si eso fuera... me hiciera. Remedio de remedios."Recogeré las piezas y compondré mi corazón, realmente no sé por dónde empezar" tres cubitos de hielo haciendo su característico sonido cuando muevo el vaso bruscamente, cuando busco desesperadamente la razón ajena, busco eso que me delega su imagen, una melancolía caprichosa y necesitada,

"Nunca podrás cambiar el modo en que sienten".

Si realmente yo quisiera como no se debe querer, yo sería solidario, pero no lo soy, nadie lo es, soy egoísta, somos, los dos y eso no es malo, es una virtud, lástima que no puedan verlo, tal vez por eso quiero que te quedes ¿Qué satisfacción más grande habría? Entonces digo, no me importan tus argumentos, lo que sé, es que sería más infeliz, aunque tal vez más sabio, si te vas definitivamente. Y en el ínterin alego: podría (por qué no) gustarte ese juego, del que está hecha la especie.

"Así que adiós, pero por favor no te lleves mi corazón" Viajante de viajantes, con la mente volamos a donde queremos, porque si yo puedo oler los cafés de Nueva York sin siquiera haber pisado un aeropuerto, podemos estar en el lugar más perfecto y más mentado, abstraído de realidades chavacanizadoras. Lo mejor está en los sentidos que desean, en la imaginación de las sensaciones, de las ideas absolutas; donde queremos, donde sabemos: el caribe, la estepa rusa, el Tibet; es la magdalena de Proust que nos transporta. "Pero recuerda esto: cada otro beso que alguna vez des, mientras los dos existamos; cuando necesites la mano de otro hombre, ese con el cual realmente puedas rendirte, yo te esperaré, como siempre lo hago. Es que hay algo ahí que no se puede comparar con ningún otro."

Y tal vez si deseo, el deseo debería ser eterno, porque ahí podría encontrar el punto exacto donde exploten mis emociones... tal vez quedarse en vigilia eterna sea lo incorrecto, eso que quiero que quieras hacerme hacer, como Humprey Bogart nunca lo hubiera hecho (por eso busco su imagen en un Cary Grant).


"Tal vez, sólo tal vez, hayas estado besando a un tonto..."

lunes, 23 de junio de 2008

Melancolía





La historia de la melancolía/ nos incluye a todos./ me retuerzo entre las sábanas sucias/ mientras fijo mi mirada/ en las paredes azules/ y nada./ me he acostumbrado tanto a la melancolía/ que/ la saludo como a una vieja/ amiga./ ahora tendré 15 minutos de aflicción/ por la pelirroja que se fue,/ se lo diré a los dioses./ me siento realmente mal/ realmente triste/ entonces me levanto/ PURIFICADO/ aunque no haya resuelto/ nada/ (…) / hay algo mal en mí/ además de la/ melancolía


'Melancolía', de Charles Bukowski