jueves, 5 de febrero de 2009

Las cosas



Los muebles de caoba perpetúan/ entre la indecisión del brocado/ su tertulia de siempre./ Los daguerrotipos/ mienten su falsa cercanía/ de tiempo detenido en un espejo/ y ante nuestro examen se pierden/ como fechas inútiles/ de borrosos aniversarios./ Desde hace largo tiempo/ sus angustiadas voces nos buscan/ y ahora apenas están/ en las mañanas iniciales de nuestra infancia./ La luz del día hoy/ exalta los cristales de la ventana/ desde la calle de clamor y de vértigo/ y arrincona y apaga la voz lacia/ de los antepasados.


J. L. Borges, "Sala vacía"



Sobre mi mesa hay un pececito feísimo. Tiene la boca enormemente abierta, el ceño fruncido y abre los ojos con dolor. Un pequeño cenicero en forma de pez. Sacudes la ceniza del cigarrillo que tienes en la mano en la enorme boca del pez. Puede que el pez esté tan agitado porque cada dos por tres le meten ese cigarrillo en la boca. De repente, pat, la ceniza del cigarrillo cae en la boca del pez, pero eso no le importa al fumador. Alguien hizo un cenicero de porcelana en forma de pez y el pobre pez se quemará durante años; además tiene la boca que habrá de llenarse de sucia ceniza muy abierta para que le entren con toda facilidad colillas, cerillas y otras porquerías.

Ahora el pez está sobre la mesa, pero poco antes no había nadie en la habitación. Al entrar vi la boca del pez y en el silencio de la noche comprendí que el cenicero-animal llevaba horas esperando angustiado. No fumo y no lo tocaré, y además en este momento, mientras camino descalzo y en silencio por la casa en penumbra en medio de la noche, sé que dentro de poco me olvidaré del pobre pez.

Sobre la alfombra hay un triciclo infantil; tiene las ruedas y el sillín azules y la canastilla y el guardabarros rojos. El guardabarros es, por supuesto, ornamental; está hecho para que niños pequeños pedaleen lentamente en casas y balcones, en superficies libres de barro. Pero, de todas maneras, el guardabarros le da un aspecto de plenitud y acabado. Es como si tapara las carencias del triciclo, lo envejeciera, lo madurara y lo hiciera más serio, aproximándolo al ideal de bicicleta alta y normal. Pero al mirar mejor el triciclo en medio del silencio y la quietud, me doy cuenta rápidamente de que lo que me une a él, lo que consigue que establezca una relación con él, como con todas las bicicletas, es el manillar. Me parecen seres vivos, criaturas, gracias al manillar. El manillar es la cabeza, la frente y los cuernos de las bicicletas. Me hago una idea de su personalidad mirándoles el manillar, de la misma manera que con las personas mirándolas a la cara. Este triciclo pequeño y regordete tiene el cuello doblado, como todas las bicicletas tristes, y el manillar no está hacia delante sino ligeramente girado a un lado. Como todos los tristes, está nervioso por sus expectativas de futuro. Con todo, en su plástico y en su forma de estar sobre la alfombra, hay una tranquilidad que hace olvidar la tristeza.

Entré silenciosamente en la penumbra de la cocina. El frigorífico está reluciente y repleto como los bulevares de las ciudades lejanas y felices.

Cogí una cerveza. Me senté a la mesa vacía y me la bebí muy serio. El plástico y transparente molinillo de pimienta me observaba en el silencio de la noche.



Al levantarme de la cama en el silencio de la noche. Orhan Pamuk.




miércoles, 28 de enero de 2009

Poem

Walcott





It's not rhyming words at the end of a line. It's not form. It's not structure. It's not loneliness. It's not location. It's not the sky. It's not love. It's not the color. It's not the feeling. It's not the meter. It's not the place. It's not the intention. It's not the desire. It's not the weather. It's not the hope. It's not the subject matter. It's not the death. It's not the birth. It's not the trees. It's not the words. It's not the things between the words. It's not the meter. It's not the meter--


[timer beeps]


It's the timing




Charles Bernstein. (Part of the University of Pennsylvania's
"60-Second Lecture" series.
April 21, 2004. Intervalles 4/5)




Llegará el tiempo
cuando, con júbilo
te saludaras a ti mismo llegando
a tu propia puerta, en tu propio espejo
y cada uno sonreirá a la bienvenida del otro,

y dirá, siéntate aquí. Come.
Amarás otra vez al extraño que alguna vez fuiste.
Ofrece vino. Ofrece pan. Devuelve tu corazón
a sí mismo, al extraño que te ha amado

toda tu vida, al que ignoraste
por otro, al que te conoce de memoria.
Quita las cartas de amor de la repisa,

las fotos, las notas desesperadas,
despelleja tu propia imagen del espejo.
Siéntate. Celebra tu vida.



El amor después del amor. Derek Walcott

(Translated)

viernes, 23 de enero de 2009

Severino.




En el apasionamiento del varón yace la fuerza de la mujer. Y ella está empeñada en hacer uso de esa fuerza, en tanto el hombre no se lo impida. Su única alternativa es ser el tirano o el esclavo de la mujer


Leopold von Sacher-Masoch, La Venus de las pieles.




He de recorrer un camino cierto y dado, he elegido salir del panteón de la masculinidad, y arrastrarme, tal vez, por fuera de las ideas a las cuales les atribuyo brillantes; me arrastro sintiendo que lo único que puede ponerme de pie es su beso, su piel. Resulto impío, no debería sufrir en vano eso que no hace al sufrimiento de los pueblos, más cuando he de ser consciente y diagramador de mi propio dolor. Pero aquí otra vez, otra vez como he repetido cientos de veces, no está en mí no querer ese dolor contractual.

El daño no se delega y las consecuencias son propias, rozando la burla de los correligionarios o de los que sí encuentran salida, la falta de maduración de mis estadíos hace que no sea apto para ser encasillado en un acto artístico de romance ineludible (trágico) atrapado en el canon narrativo de una vida que se forja a golpes (ideal) sino en cierta mediocridad, propia de los tontos. Pero aquí justamente es, cuando el placer de ese dolor tampoco se transfiere y escondido en la vasta oscuridad de la soledad, el látigo golpea, al ritmo de mis ganas.

Y ese látigo será para mí lo que para ellos debe ser evitable, lo que para ellos es, sencillamente, imperceptible.



Severin, severin, speak so slightly
Severin, down on your bended knee
Taste the whip, in love not given lightly
Taste the whip, now plead for me

(...)

(Lou Reed, Venus in furs)

lunes, 19 de enero de 2009

Tristes, tristes.

Vallejo

Yo no sufro este dolor como César Vallejo. Yo no me duelo ahora mismo como artista, como hombre ni como simple ser vivo siquiera. Yo no sufro este dolor como católico, como mahometano ni como ateo. Hoy sufro solamente. Si no me llamase César Vallejo, también sufriría este mismo dolor. Si no fuese artista, también lo sufriría. Si no fuese hombre ni ser vivo siquiera, también lo sufriría. Si no fuese católico, ateo ni mahometano, también lo sufriría. Hoy sufro desde más abajo. Hoy sufro solamente.

(...)
César Vallejo. Voy a hablar de la esperanza





(Tan romántico, tan abrumador, que ser no se afligiría al ver al amor desangrarse en la distancia.)

jueves, 8 de enero de 2009

Ser, estar.


...

No existe tal cosa, (texto perdido)



A la memoria de Harold Pinter (10/10/1930 - 24/12/2008) y las Madres de la Plaza.



La lucha es única y absolutamente verdadera.

viernes, 12 de diciembre de 2008

Secreto.

English man in New York
(by Alexander Kagan)
(...)

Si están ajenas de sustancia las cosas/ y si esta numerosa Buenos Aires/ no es más que un sueño/ que erigen en compartida magia las almas,/ hay un instante/ en que peligra desaforadamente su ser/ y es el instante estremecido del alba,/ cuando son pocos los que sueñan el mundo/ y sólo algunos trasnochadores conservan,/ cenicienta y apenas bosquejada,/ la imagen de las calles/ que definirán después con los otros...

J. L. Borges, "Amanecer"



Debajo de las ruinas de esta ciudad por la cual solíamos vagar/ se esconde un sentimiento mucho más grande que todas esas batallas que hemos luchado/ niebla, fango/ dolor, muerte/ lo innegable, lo único/ eso que hay, eso que puedo ver, es mucho más de lo que puedo decir/ el tiempo construye puentes que tapan los abismos/ fortines alrededor de la tristeza, bloquean las salidas/ campos que marchitan algodón/ no tomaría más de un día reconstruir la ciudad/ pero los ríos corren fríos/ y las nubes no despejan/ los sentidos no resisten/ la razón sucumbe/ y lo que queda es la inexplicable e inentendible emoción/ que no da abasto para mantener en pie los pilares/ son sólo las calles vacías, de asfalto y granito/ que no llevan a ningún lado/ más allá de estas ruinas, que no quiero levantar.

jueves, 13 de noviembre de 2008

Romance de Barrio

Manzi


-Soñar de vez en cuando...
-¿Ella te dijo eso?
-Sí, y fue muy clara
-Pero, y vos ¿Qué le dijiste?
-Que no.

Dos predicadores me decían que mi problema era que no creía ni en mí mismo. Lo primero que se me vino a la mente fue un tango: "... Hoy no creo ni en mí mismo, todo es grupo, todo es falso; y aquél, el que está más alto, es igual a los demás...". Me sonreí pensado en lo desvariada y divagante que puede llegar a ser mi mente, y en lo poco que me importa lo que me digan dos viejos predicadores del oeste. Aunque me percataba de que el análisis de un físico nuclear agnóstico, probablemente, hubiera resuelto lo mismo. Y lo peor era que yo no pensaba en otra cosa que no fuera en mí mismo, tal vez ahí estaba el problema.

Perdido entre tantas cosas de valor, valor real, valor cualitativo, mi valor, el valor de las cuestiones intrínsecamente subjetivas, pero delegadas. Sentí en mi piel cierta tristeza que no era mía, cierta codicia que era muy mía, cierta vejez que pronto me pertenecería, y comprendí como bien planteaba Aristipo de Cirene que las pasiones corpóreas son preferibles a los placeres mentales, por fuerza y por destino propio. Suprimir dolor mi único objetivo, mi dolor, el dolor diario, el dolor que incomoda, el que revuelve estómagos, pero el que no te enloquece, ese dolor burgués, que en pequeñas dosis es delicioso, pero que con el tiempo y en grandes cantidades es insoportable. Dolor que alguna vez fue oyente, fue clarificador, fue educador, fue hacedor de ideas.

Después de una vida de cruces y de cantos sufridos, peregrinaciones lejanas, era para mí necesario desprenderme de ese encierro barrial, y negándome a volver a ese lugar micro-fascista partí con ansias de encontrar el camino de orégano que me llevara hacia el dandismo, a un espacio anarco-individualista. Dejé de lado el "amor" de tres calles que conducían a una parada de colectivo, a una plaza que daba a una pared con un mural sobre Alejandra Pizarnik, a esa belleza muerta de un domingo a la tarde, a una angustia de calles con nombres ingentes. En fin, renegué y partí, porque no me quedaba otra, porque me obligaron.

"Estoy triste en la noche de colmillos de lobo" me acordé de Alejandra; absurdo como mi utopía Stirnerista, contraía enfermedades como la nostalgia y la melancolía, no había antídoto para el recuerdo. Por más que suprimir dolor fuera la idea, la idea no le ganaba a la emoción de lo único que me hacía sentir bien, nada como sufrir tres cuadras para un colectivo que tardara 2 horas, nada como ver un mural de Alejandra, nada como lo extraño, nada como el medio que no gusta pero que es medio para lo que sí gusta. Más triste que la primera vez, menos triste que la tercera, así contaba las cosas... Eso no era placer, era conformismo de llegar a tener placer, otra vez, otra vez.

Así llegué a donde estoy ahora, y me acordé de otro tango: "Tarde me di cuenta que al final se vive igual fingiendo". Y si bien Canet (el que escribió el tango) reniega de la idea, a mí me gusta pensar que tiene un uso más literal.

Tal vez de eso hablaba Aristipo.


Ceniza del tiempo la cita de abril,/ tu oscuro balcón, tu antiguo jardín/ las cartas trazadas con mano febril/ mintiendo que no, jurando que sí./ Retornan vencidas tu voz y mi voz/ trayendo al volver con tonos de horror,/ las culpas que nunca tuvimos/ las culpas que debimos pagar los dos.
(...)

"Romance de Barrio", de Homero Manzi.