miércoles, 22 de abril de 2009

La vacuidad del pluralismo.

El tiempo recobrado


(...) La cultura estética significa el estilo de vida propio de la carencia de función y de superfluidad, es decir el compendio de la resignación y de la pasividad romántica. Pero ella exagera todavía el romanticismo; renuncia no solo a la vida por causa del arte, sino que busca la justificación de la vida en el propio arte. Considera la obra de arte como la única indemnización verdadera de las desilusiones de la vida, como la autentica realización y perfección de la existencia, que es imperfecta e inarticulada en sí. Pero esto no significa que la vida opere de manera más bella y conciliadora en las formas del arte, sino que, como piensa Proust, el último gran impresionista y hedonista estético, sólo a través de la memoria, la visión y la experiencia estética llegan a ser realidad plena. Cuando nos encontramos con los hombres y las cosas en la realidad no es cuando estamos presentes en nuestras vivencias con la mayor intensidad –el “tiempo” y el presente de esta vivencia es siempre “perdido”- sino cuando “volvemos a encontrar el tiempo”, cuando ya no somos actores de nuestra vida, sino espectadores, cuando creamos o disfrutamos de ellas, es decir cuando recordamos. En Proust posee el arte por primera vez lo que Platón le había negado: las ideas, el recuerdo apropiado a las formas esenciales del ser. (...)

Arnold Hauser. Historia social de la literatura y el arte, Vol. 2


Y de las pérdidas, la melancolía: estructuras genéricas del sentimiento, del hedonismo estético, significación entorno a lo perdido; a la posibilidad de recobrarlo en el ayer, en un ayer que es hoy y que será mañana en los sentidos, en nuestros sentidos remembrados, en una vida vivida en función del pasado presente en tanto recuerdo voluntario (en tanto estado de las cosas) la intensidad de lo que retorna dentro de nuestros ojos y que se extiende frente a ellos.

sábado, 11 de abril de 2009

Pascuas.


LA PUTA, LA GRAN PUTA, la grandísima puta, la santurrona, la simoníaca, la inquisidora, la torturadora, la falsificadora, la asesina, la fea, la loca, la mala; la del Santo Oficio y el Índice de Libros Prohibidos; la de las cruzadas y la noche de san Bartolomé; la que saqueó a Constantinopla y bañó de sangre Jerusalén; la que exterminó a los albigenses y a los veinte mil habitantes de Beziers: la que arrasó con las culturas indígenas de América; la que quemó a Segarelli en Parma, a Juan Hus en Constanza y a Giordano Bruno en Roma; la detractora de las ciencia, la enemiga de la verdad, la adulteradora de la Historia; la perseguidora de judíos, la encendedora de hogueras, la quemadora de herejes y brujas; la estafadora de viudas, la cazadora de herencias, la vendedora de indulgencias; la que inventó a Cristoloco el rabioso y a Pedropiedra el estulto; la que promete el reino soso de los cielos y amenaza con el fuego eterno del infierno; la que amordaza la palabra y aherroja la libertad del alma; la que reprime a las demás religiones donde manda y la que exige libertad de culto donde no manda; la que nunca ha querido a los animales ni les ha tenido compasión; la oscurantista, la impostora, la embaucadora, la difamadora, la calumniadora, la reprimida, la represora, la mirona, la fisgona, la contumaz, la relapsa, la corrupta, la hipócrita, la parásita, la zángana; la antisemita, la esclavista, la homofóbica, la misógina; la carnívora, la carnicera, la limosnera, la tartufa, la mentirosa, la insidiosa, la traidora, la despojadora, la ladrona, la manipuladora, la depredadora, la opresora; la pérfida, la falaz, la rapaz, la felona; la aberrante, la inconsecuente, la incoherente, la absurda; la cretina, la estulta, la imbécil, la estúpida; la travestida, la mamarracha, la maricona; la autocrática, la despótica, la tiránica; la católica, la apostólica, la romana; la jesuítica, la dominica, la del Opus Dei; la concubina de Constantino, de Justiniano, Carlomagno; la solapadora de Mussolini y de Hitler; la ramera de las rameras, la meretriz de las meretrices, la puta de Babilonia, la impune bimilenaria tiene cuentas pendientes conmigo desde mi infancia y aquí se las voy a cobrar.

(...)

Fernando Vallejo, La Puta De Babilonia
Finalmente encontré mi libro.

martes, 31 de marzo de 2009

To write



Deleuze

Escribir es acomodar el lenguaje bajo la fascinación y, a través de lenguaje, en lenguaje, queda en contacto con el absoluto milieu, donde la cosa se convierte en imagen otra vez, donde la imagen, que ha sido alusión a una figura, se convierte en ilusión de lo que es sin figura, y teniendo una forma esquematizada en ausencia, se convierte en la uniforme presencia de esa ausencia, la vacía y opaca apertura de lo que es cuando no hay más mundo, cuando no hay más mundo todavía.

Maurice Blanchot, “The Essential Solitude”
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Alguna vez dije que yo debía llenar los espacios vacíos dejados a la hora de sentir emociones que escaparan a las representaciones clásicas de la muerte y del “amor”. Qué engañado; aunque mis aspiraciones cognitivas se basen en la relativización y crítica de conceptos básicos modernos, no puedo obviar estos hechos, sentimientos absolutos, simplemente porque todos mis anhelos artísticos, mis críticas, no tendrían sentido sin ellos como moderadores: la vida no sería vida (valuable) sino comprendiera lo mal gastada que puede llegar a resultar en manos mediocres.


sábado, 21 de marzo de 2009

Dandi

Quentin Crisp


'Why are you weeping?' said Bembel Rudzuk.
' I am suffering from an attack of history,' I said.
'It will pass,' said Bembel Rudzuk. -


Pilgermann, Russell Hoban, b. Feb 4 1925



Un arte de vida:

Vivir sin hacer nada. Cuidar lo que no importa,
tu corbata de tarde, la carta que le escribes
a un amigo, la opinión sobre un lienzo, que dirás
en la charla, pero que no tendrás el torpe gusto
de pretender escrita. Beber, que es un placer efímero.
Amar el sol y desear veranos, y el invierno
lentísimo que invita a la nostalgia (¿de dónde
esa nostalgia?). Salir todas las noches, arreglarte
el foulard con cariño esmerado ante el espejo,
embriagarte en belleza cuanto puedas, perseguir
y anhelar jóvenes cuerpos, llanuras prodigiosas,
todo el mundo que cabe en tantas euritmia.
Dejar de amanecida tan fantásticos lechos,
y olerte las manos mientras buscas taxi, gozando
en la memoria, porque hablan de vellos y delicias
y escondidos lugares, y perfumes sin nombre,
dulces como los cuerpos. ¡Qué frío amanecer entonces,
qué triste es, qué bello! Las sábanas te acogerán
después, un tanto yermas, y esperarás el sueño.
Del día que vendrá no sabes nada. (No consultas
oráculos.) Te quemarán hastíos y emociones,
tertulias y bellezas, las rosas de un banquete
suntuario, y las viejas callejas, donde se siente
todo, en el verano, como un aroma intenso.
Vivir sin hacer nada. Cuidar lo que no importa.
Y si todo va mal, si al final todo es duro,
como Verlaine, saber ser el rey de un palacio de invierno.


Luis Antonio de Villena

miércoles, 11 de marzo de 2009

The motorcycle boy reigns


That’s right, Rusty James. These are Siamese fighting fish.


Blanco y negro. Eran dos, dos en uno, él hábil con la moto, rápido con los puños, y misterioso de por sí. El otro era nostalgia, mirada escapada, y el rumbo infinito de una levedad, de una duda, duda que por privativa, estaba lejos, muy lejos, de ser un conflicto expuesto. Los dos eran bellos. Blanco y negro. No había otra posibilidad de existencia, los colores no eran una opción, la circunscripción a lo dual, a esos mundos acortados daba por elección un marco de pintura más amplio. Sólo por elección. Blanco y negro. Los colores viven, ellos lo sabían, ya no había salida posible. Salvajes e inciertos, conjugados en uno, un gris, entre la calle y el mundo de las ideas, entre la intelectualidad nata, y la ley de la calle. Blanco y negro. Gris. Relato perfecto, la metáfora de lo verdadero, hacia la elevación especifica. Arte.

Muerte, no había nada más perfecto que la muerte, no había nada mas encauzado a la muerte como ese gris. Más grande que la vida, su destino era la muerte, su peso era muerte, si no dejaba de ser, convertido a colores vivos. Blanco y negro. Gris. Fisuras de luz ¿Cómo describir en la ausencia de estructura? ¿Cómo describir bajo esa fascinación? Él era su propio lenguaje, con sus sentidos, sus significados, sus significantes. Él era el lenguaje de lo bello.

jueves, 5 de marzo de 2009

Love.


Sí, sí, esto es lo que quería, es lo que siempre quise, volver al cuerpo en que nací.

Song, Allen Ginsberg.

jueves, 5 de febrero de 2009

Las cosas



Los muebles de caoba perpetúan/ entre la indecisión del brocado/ su tertulia de siempre./ Los daguerrotipos/ mienten su falsa cercanía/ de tiempo detenido en un espejo/ y ante nuestro examen se pierden/ como fechas inútiles/ de borrosos aniversarios./ Desde hace largo tiempo/ sus angustiadas voces nos buscan/ y ahora apenas están/ en las mañanas iniciales de nuestra infancia./ La luz del día hoy/ exalta los cristales de la ventana/ desde la calle de clamor y de vértigo/ y arrincona y apaga la voz lacia/ de los antepasados.


J. L. Borges, "Sala vacía"



Sobre mi mesa hay un pececito feísimo. Tiene la boca enormemente abierta, el ceño fruncido y abre los ojos con dolor. Un pequeño cenicero en forma de pez. Sacudes la ceniza del cigarrillo que tienes en la mano en la enorme boca del pez. Puede que el pez esté tan agitado porque cada dos por tres le meten ese cigarrillo en la boca. De repente, pat, la ceniza del cigarrillo cae en la boca del pez, pero eso no le importa al fumador. Alguien hizo un cenicero de porcelana en forma de pez y el pobre pez se quemará durante años; además tiene la boca que habrá de llenarse de sucia ceniza muy abierta para que le entren con toda facilidad colillas, cerillas y otras porquerías.

Ahora el pez está sobre la mesa, pero poco antes no había nadie en la habitación. Al entrar vi la boca del pez y en el silencio de la noche comprendí que el cenicero-animal llevaba horas esperando angustiado. No fumo y no lo tocaré, y además en este momento, mientras camino descalzo y en silencio por la casa en penumbra en medio de la noche, sé que dentro de poco me olvidaré del pobre pez.

Sobre la alfombra hay un triciclo infantil; tiene las ruedas y el sillín azules y la canastilla y el guardabarros rojos. El guardabarros es, por supuesto, ornamental; está hecho para que niños pequeños pedaleen lentamente en casas y balcones, en superficies libres de barro. Pero, de todas maneras, el guardabarros le da un aspecto de plenitud y acabado. Es como si tapara las carencias del triciclo, lo envejeciera, lo madurara y lo hiciera más serio, aproximándolo al ideal de bicicleta alta y normal. Pero al mirar mejor el triciclo en medio del silencio y la quietud, me doy cuenta rápidamente de que lo que me une a él, lo que consigue que establezca una relación con él, como con todas las bicicletas, es el manillar. Me parecen seres vivos, criaturas, gracias al manillar. El manillar es la cabeza, la frente y los cuernos de las bicicletas. Me hago una idea de su personalidad mirándoles el manillar, de la misma manera que con las personas mirándolas a la cara. Este triciclo pequeño y regordete tiene el cuello doblado, como todas las bicicletas tristes, y el manillar no está hacia delante sino ligeramente girado a un lado. Como todos los tristes, está nervioso por sus expectativas de futuro. Con todo, en su plástico y en su forma de estar sobre la alfombra, hay una tranquilidad que hace olvidar la tristeza.

Entré silenciosamente en la penumbra de la cocina. El frigorífico está reluciente y repleto como los bulevares de las ciudades lejanas y felices.

Cogí una cerveza. Me senté a la mesa vacía y me la bebí muy serio. El plástico y transparente molinillo de pimienta me observaba en el silencio de la noche.



Al levantarme de la cama en el silencio de la noche. Orhan Pamuk.