
para matar al hombre de la paz
para matar al hombre de la paz
para matar al hombre de la paz

Como el lenguaje.
Ah, el amor imposible: sepa el júbilo,
lo saben ya los días y la casa,
no habrá un abrazo más ni un desayuno,
que el cuerpo entienda bien ¡nada de nada!
Desde hoy será morirse la palabra.
Mañana, es un buraco en el oscuro.
Y vos y yo, mi vida, quién pensara,
los dos, dos otra vez, ¿Qué sabe uno?
Te vas toda de párpado sin ojo,
cayó mi corazón por una pierna,
gritó nuestro destino el cartón lleno
de un epitafio dentro de un pimpollo.
Y, aún, qué buena suerte tanta pena:
pensá qué hubiera sido no querernos
El tiempo recobrado
(...) La cultura estética significa el estilo de vida propio de la carencia de función y de superfluidad, es decir el compendio de la resignación y de la pasividad romántica. Pero ella exagera todavía el romanticismo; renuncia no solo a la vida por causa del arte, sino que busca la justificación de la vida en el propio arte. Considera la obra de arte como la única indemnización verdadera de las desilusiones de la vida, como la autentica realización y perfección de la existencia, que es imperfecta e inarticulada en sí. Pero esto no significa que la vida opere de manera más bella y conciliadora en las formas del arte, sino que, como piensa Proust, el último gran impresionista y hedonista estético, sólo a través de la memoria, la visión y la experiencia estética llegan a ser realidad plena. Cuando nos encontramos con los hombres y las cosas en la realidad no es cuando estamos presentes en nuestras vivencias con la mayor intensidad –el “tiempo” y el presente de esta vivencia es siempre “perdido”- sino cuando “volvemos a encontrar el tiempo”, cuando ya no somos actores de nuestra vida, sino espectadores, cuando creamos o disfrutamos de ellas, es decir cuando recordamos. En Proust posee el arte por primera vez lo que Platón le había negado: las ideas, el recuerdo apropiado a las formas esenciales del ser. (...)
Arnold Hauser. Historia social de la literatura y el arte, Vol. 2
Y de las pérdidas, la melancolía: estructuras genéricas del sentimiento, del hedonismo estético, significación entorno a lo perdido; a la posibilidad de recobrarlo en el ayer, en un ayer que es hoy y que será mañana en los sentidos, en nuestros sentidos remembrados, en una vida vivida en función del pasado presente en tanto recuerdo voluntario (en tanto estado de las cosas) la intensidad de lo que retorna dentro de nuestros ojos y que se extiende frente a ellos.
LA PUTA, LA GRAN PUTA, la grandísima puta, la santurrona, la simoníaca, la inquisidora, la torturadora, la falsificadora, la asesina, la fea, la loca, la mala; la del Santo Oficio y el Índice de Libros Prohibidos; la de las cruzadas y la noche de san Bartolomé; la que saqueó a Constantinopla y bañó de sangre Jerusalén; la que exterminó a los albigenses y a los veinte mil habitantes de Beziers: la que arrasó con las culturas indígenas de América; la que quemó a Segarelli en Parma, a Juan Hus en Constanza y a Giordano Bruno en Roma; la detractora de las ciencia, la enemiga de la verdad, la adulteradora de la Historia; la perseguidora de judíos, la encendedora de hogueras, la quemadora de herejes y brujas; la estafadora de viudas, la cazadora de herencias, la vendedora de indulgencias; la que inventó a Cristoloco el rabioso y a Pedropiedra el estulto; la que promete el reino soso de los cielos y amenaza con el fuego eterno del infierno; la que amordaza la palabra y aherroja la libertad del alma; la que reprime a las demás religiones donde manda y la que exige libertad de culto donde no manda; la que nunca ha querido a los animales ni les ha tenido compasión; la oscurantista, la impostora, la embaucadora, la difamadora, la calumniadora, la reprimida, la represora, la mirona, la fisgona, la contumaz, la relapsa, la corrupta, la hipócrita, la parásita, la zángana; la antisemita, la esclavista, la homofóbica, la misógina; la carnívora, la carnicera, la limosnera, la tartufa, la mentirosa, la insidiosa, la traidora, la despojadora, la ladrona, la manipuladora, la depredadora, la opresora; la pérfida, la falaz, la rapaz, la felona; la aberrante, la inconsecuente, la incoherente, la absurda; la cretina, la estulta, la imbécil, la estúpida; la travestida, la mamarracha, la maricona; la autocrática, la despótica, la tiránica; la católica, la apostólica, la romana; la jesuítica, la dominica, la del Opus Dei; la concubina de Constantino, de Justiniano, Carlomagno; la solapadora de Mussolini y de Hitler; la ramera de las rameras, la meretriz de las meretrices, la puta de Babilonia, la impune bimilenaria tiene cuentas pendientes conmigo desde mi infancia y aquí se las voy a cobrar.
(...)
Luis Antonio de Villena